Rio Branco

Poesía

“Dame tu mano voy a contarte ahora como he entrado en lo inexpresivo que siempre ha sido mi búsqueda ciega y secreta” Clarice Lispector

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De las sensaciones : Los fantasmas

Poesía

Tres pasos y un suspiro. Son las cinco.
La hora en que los muertos
deben quedarse solos
porque para eso están muertos
ya que sus ideas
han volado hacia las nubes
con la vida misma.
Y nada puede remediarlo
solo el simple hecho de quedar solos
para que puedan pensar
en esas ideas efímeras
que ahora están perdidas en el tiempo.

Son las cinco ahora,
la hora en que cierra el cementerio
que está lleno de muertos
que se preparan para una nueva noche
solos, buscando reactivar sus pensamientos.

Bajo la tenue luz que ahora temerosa
se va apagando en los suspiros de la noche
empiezan a brotar los pensamientos,
que buscan aquellos recuerdos perdidos
y que vanamente quieren integrarlos
a aquellos cuerpos dormidos
Ya sin vida y carentes de misterios.

Algunos no entienden
que eso es imposible
porque están muertos.
Y así se enfadan y entonces
sin que medie explicación,
ni que nadie pueda comprenderlo
salen a buscar denodadamente sus ideas
y en su eterna desesperación inmaculada
se manifiestan quizás sin saberlo
y es allí cuando los vemos.

Y se nos pone la piel erizada
y paralizan los músculos del cuerpo
pues no debieran quizás estar allí
aquellos débiles espíritus siniestros
por una simple y magnífica razón
que ellos quizás aún no entienden
por su eterna condición irrefutable
la irresoluta situación de estar bien muertos.
Tres pasos y un suspiro. Son las seis,
de la mañana, golpeando al cementerio.
Son los últimos instantes del misterio,
donde todo ahora debe suspenderse
y volver a aplacar los pensamientos
que jugaron en la noche despiadada,
sin ningún resultado porque ¡Claro!
Imposible lograrlo desde luego.
¡Si hay una eterna condición irrefutable!
Así es … están bien muertos.



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