Rio Branco

Poesía

“Dame tu mano voy a contarte ahora como he entrado en lo inexpresivo que siempre ha sido mi búsqueda ciega y secreta” Clarice Lispector

Autor

De ángeles y demonios : Espérame no corras

Poesía

(Una elegía para Simon, mi negrito del alma)


Espérame, no corras.
Necesito preguntarte algo.
¿Porque te fuiste ese día, de repente, sin avisarme?

De haber sabido esa mañana
me hubiese recostado, una y otra vez a tu lado,
como lo hacía algunas noches.
¿Te llevaste ese recuerdo?

Quizás me hubiese quedado allí
intentando detener el tiempo
retrasando la hora nefasta
que desconozco,
y que solo vive en la mente
de tu querida compañera de vida
que no pudo contarme nada,
aunque con su mirada,
llegó a contarme todo.

Ahora que me encuentro a la distancia
me sonrío ante el murmullo del viento
que me trae con sutil elegancia
el recuerdo precioso de un momento.
Al mirarme con tal perseverancia
quieto sin ensayar un movimiento
sentadito en la puerta de mi casa
sutil gesto al espíritu traspasa.

Me compraste mi negrito con el gesto
Buena treta, ¿Quién te la enseño?
Yo sé que nadie, que vino contigo.
Pero fue suficiente creo yo.

Y luego, toda una vida de alegrías
a pesar de tu carácter complicado.
No era complicado ¡Que iba a serlo!
Simplemente algunos no entendían,
que solo había que buscar el rinconcito,
el recoveco ese lindo que tenías.
Que siempre estaba allí en tu regazo,
y llegaba hasta tu dulce corazón.

Y me queda aquél día de noviembre
hace un año ¿Te acordás?
que no querías caminar junto a la vía.
Eran dos pasos y arrojarte tan exhausto.
Mientras tanto me mirabas
esperando escuchar que te decía.

Ahora te voy a contar un secreto,
negro lindo, con tu colita de punta blanca,
ese es el recuerdo que voy a guardar de ti,
para siempre, como el más hermoso.
Y cada vez que vengas a mi mente,
también vendrá aquél día de noviembre
un mes muy especial que te recuerda
año tras año, con lágrimas celestes
cubriendo de capullos ese patio
donde solías saltar por las mañanas.
Y cuando el sol caía puntualmente
esperabas tu comida en la ventana
con ese movimiento ondulante
y ese gesto bonito e impaciente.

Espérame, no corras.
Me despido.
A pesar de haberte ido, de repente.
Que tu hermosa compañera aún te extraña
con sus ojos me pregunta dónde has ido,
y yo solo la miro y le respondo
que esa tarde simplemente te has dormido.

Espérame, no corras.
Hasta pronto.
Algún día volveremos a encontrarnos.
Y andaremos nuevamente por las vías
Desplegando tu pereza sobre el pasto.

Espérame, no corras.
Mi negrito.
Que no puedo alcanzarte y que me pierdo
Pues quisiera recostarme allí a tu lado
¿Te llevaste quizás ese recuerdo?



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