Los dos soles de Clara Miller

Cuento, relato

La literatura fantástica guarda una importante ventaja respecto a otros géneros, una ventaja distintiva, pero casi estremecedora, que la diferencia respecto a otras formas narrativas. El tema de lo "fantástico" le da al autor ciertas licencias muy particulares, que en definitiva le permite explorar en lo más profundo de su mente, para sacar de allí toda la esencia de eso tan especial y volcarlo en un relato.

Autor

El incidente Farmington

Cuento

El 10 de Julio de 1977, un evento extraordinario sucedió en Farmington, Nuevo México. Aquí los hechos. Aunque, no estoy muy seguro de la fecha, tal vez todo empezó algún tiempo antes. Algo así como veinticinco años antes.

 

Eran las diez treinta de la mañana, cuando aquél hombre flaco, algo demacrado, y con la mirada totalmente perdida, sosteniendo un trozo de papel con una dirección en su mano, caminó lentamente hacia la esquina de Navajo St. y Buena Vista. Miró el cartel indicador, hizo una pausa y enfiló hacia el número 1108 de ésta última. Se paró frente a la puerta y dudó un instante. Los pensamientos lo atormentaron. No estaba seguro de hacerlo, pero llevaba varios días buscando una respuesta y ahora ya se encontraba al final del camino. O en realidad al comienzo.
La mujer de unos cincuenta años se acercó a la puerta al oír el llamado. Vio una silueta a través del vidrio esfumado y de inmediato abrió. No llegó a pronunciar palabra. Se quedó primero con una grácil sonrisa, que al cabo de unos segundos se fue desdibujando hasta convertirse en un gesto inenarrable de sorpresa, temor y absoluta inexpresión. Fueron varios segundos sin pronunciar palabra, mientras una tras otra, las lágrimas emergían descontroladamente desde una mirada que se extendía hacia un tiempo que en ese momento era inmensurable.
-¿Papá?
- Déjame entrar por favor Melina.
Primero lo palpó una y otra vez. Se palpó ella para entender que no se trataba de un sueño y luego lo abrazó mientras pronunciaba sin parar una y otra vez el "yo sabía", "siempre lo supe".
Pasados algunos minutos, se sentaron en sillón del living, uno al lado del otro, mientras Melina traía dos tazas de té. De inmediato, las preguntas empezaron a emerger desde ambas partes, de forma totalmente desordenada, algunas sin sentido, pero necesarias.
-¿Dónde está tu madre? -fue lo primero que Gregor Thomas pudo pronunciar.
-Ella está bien -Respondió Melina- con algunos problemas, pero bien.
El hombre suspiró aliviado antes de preguntar.
-¿Qué clase de problemas?
-Nada que merezca más atención en este momento que saber que ha sucedido contigo. Ella no pudo asimilar muy bien todo lo que pasó. Ninguno de nosotros en realidad. Pero yo sabía, lo presentía, estaba totalmente segura que no nos habían dicho toda la verdad.
-¿Y qué es lo que les dijeron?
-Que no podían darnos una respuesta exacta acerca de ti. Que habías desaparecido sin dejar rastros, y que guardabas información vital por la cual era necesario encontrarte de inmediato. Las cosas no fueron muy buenas para todos nosotros. Pensaron de inmediato que estábamos ocultándote. Tardaron varios años en comprender que no fue así, que necesitábamos saber de ti tanto como ellos. Fue así que nos sacaron de cuajo de Albuquerque un tiempo después y aparecimos aquí. Nos vigilaron, nos persiguieron, nos programaron nuestras vidas. Siguieron vigilándonos durante años, inclusive no llego a entender cómo has podido llegar hasta aquí sin que ellos lo supieran antes o al menos te interceptaran.
-Tal vez porque buscan otra fisonomía -Respondió Gregor impasible.
A Melina ahora se le volvieron a llenar los ojos de lágrimas.
-¿Cómo puede ser esto papá? No entiendo, por favor trata de explicarme.
-Debería entonces explicarte lo que he venido a tratar de entender. Llevo casi veinte días de pueblo en pueblo, tratando de dar con ustedes. No he parado desde entonces, solo me manejé con el dinero que tenía en el bolsillo, el cual casi se ha acabado. No tengo demasiadas explicaciones. Si alguna teoría. Algo inestable, para cualquier entendedor que no pueda vislumbrar más allá de su propia nariz. Esta realidad, el tenerte aquí, mi propia persona, todo es inestable.

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Aquella mañana Gregor salió apurado de su casa en Albuquerque. El transporte estaba aguardando en la puerta desde hacía unos minutos. Algo retrasado, bebió el último sorbo de café, saludó a su esposa y luego de tomar su maletín y su sombrero, salió corriendo de la casa y se perdió junto con la camioneta, por las calles de la ciudad hacia un destino por pocos conocido.
Un viaje de unos ciento cincuenta kilómetros por ruta, pasando por Santa Fe, lo llevaba a diario a su destino en las cercanías de Los Álamos. Allí, en una dependencia de máxima seguridad, de la cual poco se sabía, inclusive los propios empleados, Gregor desarrollaba junto con un grupo de científicos, un proyecto muy especial que requería la máxima atención y dedicación. De allí tanto cuidado por buscarlo en su casa y depositarlo en la misma al finalizar el día.
Aquél grupo de científicos, entre los cuales Gregor era sin lugar a dudas el más destacado, estaba abocado a un proyecto -como dijimos- muy especial, casi como caído del cielo. Una mañana, el coronel Ralph Niminsky, jefe adjunto del departamento de propulsión de la base Los Álamos, los reunió a todos, Gregor incluido, en el auditorio de la base para informarles que debían abocarse a un estudio de máxima prioridad para el estado. Simplemente no debían hacer ningún tipo de preguntas, solamente concentrarse en el objetivo final para el cual estaban asignados y éste era el estudio, análisis y conclusiones de las cualidades físicas del elemento 115 para la aplicación en proyectos de propulsión de alto rendimiento en objetivos militares.
Inmediatamente, fueron llevados a una sala con los más exigentes procedimientos de asepsia en unos de los subsuelos de máxima seguridad dentro de Los Álamos. Fueron vestidos con trajes especiales color amarillo claro y máscaras, antes de ingresar en la sala donde dos operarios realizabas diversas tareas.
Una vez dentro, en uno de los extremos se podía divisar otra habitación aislada, iluminada por dentro con una tenue luz color violácea, en el centro de la cual, se veía algo más iluminado un cubo de vidrio, de unos sesenta centímetros de lado con algo en su interior que desde lejos no llegaba a divisarse con exactitud.
Los cuatro científicos, junto al coronel Niminsky y dos personas más, que en ningún momento emitieron palabra alguna, vestidos con los atuendos de seguridad, se acercaron al vidrio divisor de esta segunda habitación y parados frente al mismo, ya pudieron ver con más exactitud el contenido del extraño cubo de vidrio.
Dentro de él había otro cubo, pequeño, de color negro opaco. Era de unos cinco centímetros de lado. Un cubo perfecto que indudablemente era el centro de atención y la causa principal de todo el despliegue. Inmediatamente el coronel habló y les explicó de qué se trataba. En ningún momento les permitió hacer preguntas. Solo debían limitarse a escuchar y luego a ejecutar.
Niminsky les explicó que la tarea consistía en analizar el cubo negro, el cual estaba compuesto en su mayor parte por carbono. Era de un material muy similar al grafito. Extremadamente liviano, casi de peso despreciable. Pero no era un cubo de carbono normal. Contenía además algunas partículas de un componente que debían intentar aislar para luego ser analizado y estabilizado, un componente llamado elemento 115. Ese componente era el objetivo final de todo el proyecto. La localización, aislamiento y por sobre todo estabilización del mismo para poder establecer la factibilidad de uso como combustible de altísimo rendimiento para objetivos, en principio, militares.
Los científicos quedaron atónitos ante lo que tenían delante. Sabían perfectamente que no era posible preguntar de dónde se había obtenido eso. No era necesario tampoco. Sabían perfectamente de dónde lo habían obtenido, la gran duda era el porqué y cuál había sido el objeto de intercambio.
Durante más de dos meses, los científicos trabajaron en el proyecto sin llegar a conseguir ningún resultado satisfactorio. En todo ese tiempo, no les fue posible siquiera aislar una sola partícula del supuesto elemento 115. En su opinión, aquello que estaba dentro del cubo de vidrio era solo un simple cubo de grafito.
Las altas esferas entonces empezaron a inquietarse. Sabían con certeza que no era así. Allí estaba el tan preciado elemento 115, que ni siquiera tenían la más mínima idea de para qué podía servir, aun cuando ya lo habían establecido dentro del apartado reservado para los combustibles de uso militar.
El objeto era sometido a todo tipo de estudios y procedimientos dentro de la sala aislada, a la cual solo se podía ingresar extraordinariamente y con una protección más exigente aún que la descripta anteriormente. Solamente dos científicos a la vez podían acercarse al cubo, el cual no tenía contacto alguno con el exterior del cubo de vidrio.
Pero algo sucedió aquella noche. Algo que cambiaría por completo la vida de Gregor Thomas. Pasada las 19 horas y un rato antes de retirarse todos, permaneció durante unos diez minutos en la sala interior, junto al cubo, realizando algunas anotaciones.
Al salir y descartar el traje protector, los cuales eran destruidos al final del día y una vez que salieran de la sala contigua, Gregor pudo comprobar que parte de su guante de la mano derecha había estado mal colocado, en consecuencia, una mínima porción de su muñeca había estado expuesta al ambiente tan celosamente resguardado, no solo por temas de seguridad, sino de protección del elemento.
Decidió no decir nada, guardarse para sí mismo el pequeño accidente, sin dejar de pensar acerca de las consecuencias si en realidad en ese cubo existían tales partículas que para entonces todavía no habían podido identificar.
Este fue el comienzo del misterio. Misterio que empezaría a develarse recién veinticinco años más tarde. El hecho fue que a Gregor Thomas se lo vio por última vez unos instantes después de descartar el traje. Nunca llegó a la camioneta que lo llevaría de regreso a su casa. Jamás volvió a saberse nada de él.
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Luego de explicarle acerca del estado de salud de su madre, Melina decidió finalmente encarar a su padre para tratar de aclarar algunos puntos oscuros -vale decir todos- que no encajaban en la historia respecto a la desaparición de Gregor.
-No tengo mucha idea -respondió Gregor- ni siquiera creo que sea conveniente que sepas lo poco que he podido deducir.
-Pues inténtalo, hay una historia de vida que involucra a muchas personas en torno a tu desaparición. Y da la casualidad que todas esas personas son tu propia familia.
-Cuando te dije hace un rato -agregó Gregor- respecto a que mi propia persona es inestable, nada más físicamente cierto que esa afirmación. Todo lo que vaya a hacer o decirte para aclarar o poner algún rumbo cierto en todo esto, debo hacerlo, si es que lo hago, rápidamente.
-¿Porque tanto apuro papá? ¿Alguien más está detrás de todo esto?
-No que yo sepa, excepto el propio servicio secreto, por decir algo, que ya de por si es suficiente. ¿Podrías servirme otro té y traerme una aspirina por favor?
-¿Te sientes mal acaso?
-Sí, desde hace unos veinticinco años. Para ti, por supuesto.
-¿A qué te refieres con eso?
-¿Acaso no te das cuenta Melina?¿No llegas a darte cuenta de lo que ha sucedido aquí?
-¡Explícame papá, te lo pido por favor! -suplicó Melina con lágrimas en los ojos- ¡No puedo entender nada de lo que está sucediendo!
Desapareces de tu casa cuando yo era una joven, nunca supimos nada de ti, ahora, veinticinco años más tarde, apareces luego de haber pasado la mitad de mi vida en medio de una incertidumbre y me pides que entienda. Y lo que menos entiendo papá es que llegas aquí y ante mí veo a la misma persona que se fue en aquél entonces, ¡Sin haber envejecido en apariencia un solo día! ¿Tiene esto una explicación?
-Gregor bajó su mirada y luego agregó: Si.
Melina, algo más tranquila sirvió el té y le dio a su padre un vaso con agua y la aspirina. Luego éste comenzó con su disertación:
-Ustedes no sabían nada acerca del proyecto que estábamos encarando. Teníamos prohibido mencionarlo, ni siquiera a la familia. Era un proyecto de máxima confidencialidad. Y a mi entender aún sigue siéndolo. Lo que ellos no pudieron medir nunca fueron las consecuencias, simplemente porque no tenía ni idea de lo que se les había entregado. Para ellos era un objetivo militar con un sentido específico, pero en realidad nada tenía sentido dentro del propio entendimiento al que estaban sometidos. Ni siquiera yo, hasta que pasó lo que pasó.
Y precisamente lo que pasó es lo que no tiene una clara explicación hasta que, si proyectas el conocimiento que te dieron en una primera instancia, puedes entonces, conociendo el origen del elemento estudiado, empezar a entender algunas cosas viendo los resultados, las consecuencias, de las cuales yo soy pieza fundamental.
Las personas que me pusieron a trabajar en esto estarían altamente complacidas si contaran con la mínima información con que yo cuento ahora, en este preciso momento. Pero eso nunca va a suceder. Ellos han de tener seguramente un proyecto inconcluso, sino no se justifica la persecución a la que fueron sometidos ustedes, muy a mi pesar.
Para ellos, este tema del elemento 115, del cual tu Melina, no tienes ni idea de lo que estoy hablando, permanece en la nebulosa, sin lugar a dudas. Es como si tuviesen un tubo de dentífrico y al presionarlo lo que sale de allí es una pasta blanca, pero que en nada se parece al dentífrico, no cumple la misión para la cual fue creado. O sea, ellos tienen un supuesto combustible en el elemento 115 y la aplicación va mucho más allá de su propio entendimiento.
-Creo empezar a entender algo papá. ¿Tú ya posees ese entendimiento?
Gregor asintió con su cabeza.
-Más aún, puedo confirmar el origen de ese objeto color negro que una vez me presentaron para analizar diciendo que se trataba de un combustible y otras tantas cosas. Aquí aplica lo del dentífrico. ¿Es combustible? No, para nada, pero se entiende el paralelismo, lo que sucede es que el entendimiento de ellos llegaba hasta ahí y para comprender el todo, necesitan dar un paso más, que fue el que yo di. Sin eso, todo pierde sentido.
-¿Cuál fue el paso que tu diste papá?
-Tomé contacto directo con eso cubo negro y puedo confirmarte que todo era cierto. El elemento 115 estaba allí.
-Y no era un combustible …
-Bajo la óptica del actual entendimiento podríamos considerarlo un combustible. Si, sería correcto llamarlo combustible. Lo que estoy tratando de explicar es que ellos no fueron un paso más allá, simplemente porque no estaban capacitados para ello. Como bien dije, no tenían el conocimiento.
-¿Cómo obtuviste ese conocimiento papá que te llevó a entender de qué se trata todo esto?
-Aquél día yo salí de la sala restringida. Pasé a la sala de desechos, donde te quitas el traje y luego pasas directo a las duchas. Desechas el traje y luego te bañas. Yo me quité el traje y pude darme cuenta que estuve algunos minutos en exposición directa a la influencia del objeto negro. Pero solo me quedé con el pensamiento. Luego tomé la ducha, pasé a mi receptáculo para vestirme, lo hice certeramente y luego aparecí a la misma hora de hace solamente diez días en pleno centro de Albuquerque sin poder comprender absolutamente nada.
Me llevó todos esos diez días, con todas sus horas y minutos el poder llegar hasta ti, aquí en Farmington, tras haber tomado conciencia de la situación y de investigar acerca de este maldito incidente. Lo que para ti, para todos ustedes, para todo este mundo fueron veinticinco años, para mí solo diez días. Y esto no termina aquí.
Melina para entonces lo miraba con sus ojos desencajados sin perder un solo detalle del relato.
-Presta mucha atención a lo que voy a decirte ahora. No habrá otra vez. Estoy sintiendo el mismo efecto que sentí aquél día en los vestuarios. Sé que puede suceder lo mismo en cualquier momento. Trata de explicar a la familia, de hacerles llegar la tranquilidad que yo he estado bien. Envíale un beso a tu madre y dile cuanto la he amado.
Entiende el conocimiento mi querida Melina. Él constituye el verdadero poder. El aprendizaje a través de la propia experiencia, eso te da la base del conocimiento. Ellos buscaban en ese cubo un combustible, pero sin entendimiento. Apretaban el tubo y en lugar de dentífrico salía otra materia que no servía para el fin que ellos esperaban. Iba mucho más lejos. Si, el elemento 115 es un combustible, pero no aplicable al espacio, sino aplicable al tiempo. Algo muchísimo más poderoso de lo que esperaban.
El simple hecho de haber viajado gracias al elemento 115, me dio el entendimiento de ese conocimiento que estaba adquiriendo, y muchas otras cosas que no entenderías.
El hombre hoy en día no está capacitado ni mental, ni tecnológicamente para controlar al elemento 115. Eso sucederá casi con seguridad dentro de unos cuatrocientos o quinientos años, pero no por ahora.
Melina intentaba digerir todo lo que estaba escuchando. Fue una tarea casi vana. Demasiada información -pensó- para la mente de una persona que no está preparada para recibirla con esa intensidad. Por un momento pensó cómo explicaría este hecho a los demás si no recibía la misma ayuda de su padre. Él estaba convencido de no permanecer mucho más tiempo con ella en la casa. Eso la desequilibraba. No cabía en su mente. El no saber nada de su padre por tanto tiempo. Ahora, el volver a tenerlo aunque no como lo esperaba y una inminente partida la cual tampoco llegaba a comprender demasiado. Fue en ese momento en que se dio vuelta para buscar su taza de té que estaba sobre la mesa con el objetivo de relajarse al menos por un momento. Y fue así como al voltear nuevamente hacia su padre, éste ya no estaba en la sala.



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